Album de fotos | Enlaces | Historia Dominicana | Presentación
 
Album de fotos
 
 
Siempre mis aguas tendrán rumores
blancas espumas mi mar azul
mis tiernas aves cantos de amores
galas mis campos, vida mis flores
mi ambiente aroma, mi esfera luz


Salomé Ureña de Henríquez
Imagen
 
Las Indias Occidentales comprenden cuatro archipiélagos. Estos grupos de islas son las Bahamas (o islas Lucayas) y Turcos y Caicos, las Antillas Mayores, las Antillas Menores y las islas del Caribe Sur. Debido a razones históricas, culturales y socioeconómicas, al grupo de islas se unen frecuentemente algunos países continentales: Belice y las Guayanas.

El término Antillas excluye a las Bahamas y los países continentales; es decir, solamente se incluyen las islas que rodean directamente el Mar Caribe y que forman un arco que se extienden en forma de media luna desde la punta oriental de la península del Yucatán (en México) y el sureste de Florida (en Estados Unidos) hasta la costa de Venezuela, en Sudamérica. Las Antillas Holandesas forman un grupo de islas separadas del arco mencionado.

Las secciones occidental y norte componen las Antillas Mayores y comprenden las islas (con sus islas adyacentes): Cuba, Jamaica, La Española (con 2 países: Haití y República Dominicana) y Puerto Rico. Las Antillas Mayores descansan sobre un macizo submarino común y están atravesadas por una cadena abrupta y elevada de montañas, cuyos picos más altos oscilan entre dos y tres mil metros que culminan en La Española (con el pico Duarte con 3,175 m) y declina, a ambos lados, en Cuba, Jamaica y Puerto Rico. Esas montañas están compuestas de piedra caliza, con afloramiento de otras rocas, todas ellas mucho más antiguas que las de origen eruptivo de las Antillas Menores y sin huellas de actividad volcánica reciente.

Desde Puerto Rico, hacia el este y luego hacia el sur en forma de arco, hasta próximo a la desembocadura del río Orinoco, se encuentran la cadena de islas que componen las Antillas Menores. La nomeclatura de estos grupos de islas es confuso. Hoy el nombre de Islas de Sotavento ('Leeward Islands') se aplica a la porción norte de la cadena, desde las Islas Vírgenes hasta Guadalupe. El grupo de Barlovento ('Windward Islands') incluye Dominica, Martinica, Santa Lucía, San vicente, las Granadinas y Grenada. En los primeros tiempos de dominación española, toda la cadena desde las Vírgenes hasta Trinidad se llamaba Islas de Barlovento, limitando el nombre de Islas de Sotavento a las que se encuentran cerca de las costas de América del Sur, una distinción lógica y descriptiva, considerando el predominante viento nordeste.

Las islas del Caribe Sur, llamadas antiguamente de Sotavento, son Trinidad, Tobago, Margarita, Curaçao, Aruba, Bonaire y otras pequeñas islas (entre ellas, Testigos, Los Frailes, Tortuga, Orchilla, Los Roques, Islas de las Aves).

La región del Caribe ha sido dividida en subconjuntos lingüísticos que reflejan los patrones de colonización por poderes europeos. El área española incluye Cuba, la República Dominicana y Puerto Rico. La porción francesa incluye Haití, Martinica, Guadalupe y la Guayana Francesa. Un 'Creole' de base francesa se habla en Dominica y Santa Lucía. Las partes holandesas incluye Surinam y las islas de Aruba, Bonaire, Curaçao, Saba y San Eustaquio. La parte de habla inglesa incluye Jamaica, Guyana, Barbados, Belice, las Bahamas, Antigua, St. Kitts-Nevis, Grenada, Dominica, Santa Lucía, Saint Vincent, Islas Vírgenes, Monserrat, Anguilla, Barbuda y las islas Turcas y Caicos. Hay una isla anómala: St. Maarten/St. Martin, que pertenece a los Países Bajos y a Francia.

Con la excepción de la cadena de las Bahamas, todas las islas de las Antillas se hallan en la zona tropical pero gozan de un clima templado en las zonas montañosas; a menor altitud las condiciones meteorológicas se ven modificadas a causa de influencias oceánicas como los vientos alisios. Se pueden distinguir dos estaciones: una relativamente seca, de noviembre a mayo, y otra húmeda, de junio a octubre. Los huracanes, que se originan en el Atlántico, suelen aparecer entre julio y octubre, provocando enormes destrozos cuando se acercan a la costa.

La vegetación es exuberante en todas las islas y la mayoría deben haber estado cubiertas, en tiempos de Colón, por bosques que llegarían hasta la misma orilla. En nuestros días, las islas han sido muy taladas, salvo en las altas montañas. Si exceptuamos las aves, la fauna mayor es poco variada. La mayoría de las especies autóctonas difieren de las de tierra firme, debido al largo tiempo que las islas estuvieron separadas del continente; en el caso particular de Trinidad y Tobago, la fauna es de características sudamericanas. Los peces y las tortugas abundan por todas partes, y los reptiles terrestres, incluyendo los cocodrilos, son muy comunes en las islas más grandes. Excepto la fer-de-lance, en la Martinica y en Santa Lucía, y algunas especies de Trinidad, no hay en ellas serpientes venenosas.

Como compensación a su enorme belleza y a la relativa ausencia de animales dañinos, las Antillas están amenazadas por frecuentes cataclismos naturales: huracanes, terremotos y, en algunas de las Antillas Menores, erupciones volcánicas. Estos desastres han jugado un papel considerable en la historia de las islas y constituyen aún un serio peligro.

Imagen
 
 

Historia Dominicana


Descubrimiento y Colonización

Primera Parte
La isla de la Hispaniola (La Española), actualmente ocupada por las naciones de Haití y la República Dominicana, fue el primer lugar del Nuevo Mundo donde los españoles formaron una colonia. Como tal, sirvió de base logística para la conquista de la mayor parte del Hemisferio Occidental.

Cristóbal Colón descubrió la isla el 5 de diciembre de 1492, en los días finales de su primer viaje a "las indias". Colón y sus compañeros encontraron que la isla estaba habitada por un gran población de amistosos indios Taínos (Arawacos), quienes le dieron la bienvenida a los exploradores.

Colón estableció un asentamiento improvisado en la costa norte, cerca de la ciudad actual de Cap Haïtien, el cual llamó La Navidad (por ser el 25 de diciembre). Usó los restos de la carabela Santa María, que había dado contra un arrecife coralino y zozobrado.

La tierra era fértil, pero de mayor importancia para los españoles fue el descubrimiento del oro que podía conseguirse por trueque con los nativos, quienes se adornaban con joyas, o extrayéndolo de los depósitos aluviales de la isla.

Los taínos llamaban a la isla de diversas maneras pero lo más común era Ayti o Hayti (tierra montañosa). Aunque inicialmente fueron amigables hacia los españoles, estos nativos respondieron violentamente contra la intolerancia y abusos de los recién llegados. Cuando Colón regresó a la Hispaniola en su segundo viaje en 1493, encontró que la Navidad había sido arrasada y eliminados sus habitantes. Pero no era fácil detener el interés del Viejo Mundo en la expansión y su cruzada de esparcir el Catolicismo; Colón estableció un segundo asentamiento, La Isabela, más hacia el Este.

Luego de varios intentos de establecer colonias en la costa norte de la Hispaniola, finalmente se estableció el primer asentamiento permanente en el Nuevo Mundo: Santo Domingo, establecido en la costa sur. Bajo la soberanía española, toda la isla llevó el nombre de Santo Domingo. Los indicios de la presencia de oro --la sangre vital del naciente sistema mercantilista-- y una población de nativos tratables que podían usarse como obreros se combinaron para atraer a muchos españoles durante los primeros años. La mayoría de ellos era simple aventureros que, por lo menos inicialmente, estaban más interesados en adquirir rápidamente riqueza mas que en asentarse en la tierra. Desde los inicios, las relaciones con los indios, a quienes maltrataban de manera inmisericorde, se deterioraron. Movidos por las incautaciones de alimentos y otras extorsiones, y los abusos hacia sus mujeres, los indios se rebelaron pero fueron dominados definitivamente en 1495.

Santo Domingo se convirtió en el primer puesto de avanzada del Imperio Español. Las expectativas iniciales de reservas de oro abundantes y de fácil acceso demostraron que no tenían fundamento; aún así la isla llegó a ser importante como asiento de la administración colonial, un punto inicial para las conquistas de otras tierras y como laboratorio para el desarrollo de políticas de gobierno de las nuevas posesiones. Fue en Santo Domingo que los españoles introdujero el sistema de repartimiento por el cual los peninsulares (personas nacidas en España y que residían en el Nuevo Mundo) recibían grandes concesiones de tierra y el derecho a usar los indios residentes en ellas en las labores.

Colón, que gobernó la colonia hasta 1499, intentó poner coto a los abusos más serios a los cuales eran sometidos los indios prohibiendo las expediciones contra ellos y regulando los impuestos informales impuestos por los colonizadores, los cuales, por las limitaciones impuestas por estas formas más suaves de explotación, empezaron a oponerse activamente a Colón. Debido a sus demandas, Colón ideó el sistema de repartimiento de distribución de tierra e indios; bajo este sistema, se otorgaba a perpetuidad, sin ninguna obligación para con las autoridades, un gran porción de terreno junto con los servicios de los indios que vivían allí. El sistema de repartimiento no mejoró la situación de los indios, y la corona española lo cambió instituyendo el sistema de encomienda en 1503.

Colón y su hermano Bartolomé cayeron en desgracia ante la mayoría de los colonos, como resultado de celos y avaricias, y luego también ante la corona debido a su incapacidad de mantener el orden. Ya antes de 1500, los terratenientes demostraron su poder conspirando exitosamente contra Colón. Su sucesor, Francisco de Bobadilla, fue nombrado juez principal y comisionado real por la corona española en 1499. Bobadilla puso en prisión a Colón y lo envió a España, pero pronto la Reina Isabel ordenó su liberación. Bobadilla demostró ser un administrador inepto y en 1503 fue sustituido por el más eficiente Nicolás de Ovando, quien asumió los cargos de gobernador y juez supremo. Ovando estableció las bases para el desarrollo de la isla. Durante su mandato, el sistema de repartimiento fue sustituido por el de encomienda. Debido a sus éxitos en iniciar las reformas deseadas por la corona --entre ellas, el sistema de encomienda-- Ovando recibió el título de Fundador del Imperio Español en las Indias.

Bajo el sistema de encomienda, todas las tierras pasaban, en teoría, a ser propiedad de la corona, y así los indios eran considerados como inquilinos en tierras reales. El derecho de la corona a servirse de los inquilinos podía transferirse en fideicomiso a colonos españoles (los encomenderos) por una concesión formal y el pago regular de tributo. Los encomenderos estaban autorizados a ciertos días de trabajo por los indios, convirtiéndose en sus custodios. Así los encomenderos asumían la responsabilidad de cuidar por el bienestar físico de los indios y de instruirlos en el Cristianismo. Una encomienda, teóricamente, no involucraba tenencia de la tierra; en la práctica, sin embargo, la posesión se ganaba por otros medios.

El duro trabajo que se le demandaba a los indios y las privaciones que sufrían demostraron la naturaleza artificial del sistema de encomienda, que efectivamente operaba bajo un sistema de honor debido a la ausencia de esfuerzos por parte de las autoridades españolas.

A la población taína de Santo Domingo le fue muy mal bajo el gobierno colonial. El tamaño exacto de la población indígena de la isla en 1492 nunca ha sido determinada, pero observadores de la época dieron estimados que variaban desde varios miles hasta varios millones. El Padre Bartolomé de Las Casas estimaba 3 millones, lo que ciertamente es una exageración. En todo caso, hubo cientos de miles de indígenas en la isla.

Las labores forzadas, abusos, enfermedades contra las cuales los indios no tenían inmunidad, y el crecimiento de la población mestiza contribuyeron, todos a la eliminación del Taino y de su cultura. Ya para 1548 la población taína se había reducido a aproximadamente 500 personas, y en 1550 solamente 150 indios vivían en la isla. Las consecuencias de ello fueron profundas. La necesidad de nueva fuerza laboral para el cultivo creciente de la caña de azúcar obligó a la importación de esclavos africanos empezando en 1503. Ya para 1520, solamente se usaba la mano de obra de los esclavos africanos.
Imagen


 
Historia Dominicana


Los Padres de la Patria

El hecho de que República Dominicana posea tres Padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, es fruto de una negociación en uno de los gobiernos de Ulises Hereaux, luego de que diferentes sectores, integrados por seguidores y familiares de esos patriotas, se disputaran la primacía de uno u otro durante la gesta libertaria. En relación a este tema, presentamos el siguiente trabajo.

¿Uno o varios Padres de la Patria?
Dr. Julio Genaro Campillo Pérez
Resumido del Prólogo al libro El Mito de los Padres de la Patria, de J.I. Jiménez Grullón


El dominicano desde su niñez comienza a familiarse entre otras originales costumbres, con la tradicional doctrina del número tres. Así en el hogar aprende la existencia de los "tres Reyes Magos": Gaspar, Melchor y Baltazar; en la iglesia, "las tres divinas personas": Padre, Hijo y Espíritu Santo; en la escuela, "los tres Padres de la Patria": Duarte; Sánchez y Mella. Luego seguirá conociendo: las tres regiones naturales que componen el país: Cibao, Sur y Este; los tres colores de la bandera nacional: azul, rojo y blanco; las tres divisas del lema nacional: Dios, Patria y Libertad; las tres grandes cordilleras: Septentrional, Central y Meridional; los tres grandes dominios fluviales: Yaque del Norte, Yuna y Yaque del Sur; la base triple de tres miembros cada uno que constituían la sociedad patriótica "La Trinitaria" y muchísimos otros "tres".

En tales circunstancias, resulta un poco extraño que haya personas que aboguen por la desaparición de los tres Padres de la Patria, como lo propugnó Jimenes Grullón, al considerar a dicha tríada como "mito con raices espúreas". Cierto es, que el tiempo y la investigación han venido lentamente socavando semejante tríada, al extremo que no resulta aventurado afirmar que la tendencia natural que hoy se manifiesta finalizará en un no muy lejano día con una exterminación de esa tradición. Espontáneamente, sin deliberación previa, en círculos oficiales y privados, se va imponiendo, pese a algunos de sus detractores, una figura central y superior, la figura de Juan Pablo Duarte.

En nuestras múltiples conversaciones y contactos con personas amantes de los estudios históricos, no importa su edad o escuela, hemos podido apreciar la existencia con fuerza de golpeante realidad, sin apasionamientos ni prejuicios, de un sentimiento generalizado y abrumador que proclama a Duarte como el único y verdadero Padre de la Patria. Y no hay que dudar que esa corriente mayoritaria sea la causa de que, a medida que pasa el tiempo, se vayan multiplicando los homenajes y conmemoraciones duartianas, y en cambio, se vayan reduciendo los mismos tributos en favor de Sánchez y de Mella.

Tal consenso no es mero capricho, soberbia inútil o ciega obstinación. Es el fruto de la investigación serena y el estudio desapasionado. Cuando se busca el origen de nuestra nacionalidad y el ideal que la sustentó, cuando se busca la fé prodigiosa que necesitó esa nacionalidad para poder subsistir en una época en la cual se dudaba tanto de ella, se encuentra uno, quiéralo o no, frente a frente, con Juan Pablo Duarte. ¿No es pues aquí donde debe residir la paternidad de la Patria? Porque de ese mismo pensamiento tenaz, de esa misma esperanza invencible, saldrían las posteriores ejecutorias, como fueron la obra inicial del 27 de Febrero y las gloriosas acciones reafirmadoras del 19 de Marzo y del 30 de Marzo. Como lo serían con el correr del tiempo, las batallas de Las Carreras, Santomé, Beller, Sabana Larga; la Restauración Nacional, el rechazo de los proyectos anexionistas de Báez y la resistencia a las ocupaciones norteamericanas de 1916-1924 y de 1965, así .como todos los demás gestos y acciones nacionalistas que registra nuestra historia. No importa que haya presencia física, porque la presencia física desaparece en unas cuantas décadas de vida terrenal, mientras que la Patria dura centurias y más centurias. Lo que importa es la proyección a través del tiempo del ideal nacionalista, ése que mantiene en todo momento la soberanía, la independencia y la dignidad de la República. El fundador, el creador de ese ideal que mantiene la vigencia y la realidad de la Patria, es indudablemente el Padre.

Si la presencia de Sánchez y de Mella en la Puerta del Conde es uno de los factores más importantes que se han tomado en cuenta para proclamarlos Padres de la Patria, entonces tendremos que ha habido notoria injusticia con respecto a otros próceres dominicanos. Entonces Padres de la Patria serían Santana por el 19 de Marzo, Imbert y Valerio por el 30 de Marzo; Bobadilla, Báez y Valencia por haber organizado políticamente el Estado Dominicano y así sucesivamente muchos otros pioneros de los primeros días de vida republicana. Porque sin todos esos acontecimientos que se sumaron a su causa, el 27 de Febrero hubiera perecido en su cuna.

En el terreno mortal la primacía de Duarte es reconocida por sus propios contemporáneos. En la gloria y en la adversidad.

En la gloria:

Presidente y fundador de la sociedad La Trinitaria, 16 de Julio de 1838;
Jefe del Partido liberal y nacionalista "Duartista" o "filorio";
Proclamada la República es inmediatamente solicitado mediante embajada especial para que regrese a la Patria, 2 de Marzo de 1844;
Saludado como Padre de la Patria por el Arzobispo Portes, 15 de Marzo de 1844;
Comandante en Jefe del Ejército propuesto por la oficialidad castrense de Santo Domingo, 31 de Mayo de 1844;
Proclamado Presidente de la República por Mella, Julio 1844.
En la adversidad:

El más tenazmente perseguido por el Presidente [haitiano] Herard, Julio 1843;
Sus ideales considerados como "aspiraciones criminales de Juan Pablo Duarte y consortes", en proclama de Santana, Julio 1844;
Llamado "el anarquista Duarte" y su obra juzgada como "proyecto elaborado de antemano por el General Duarte y sus partidarios tendiente a.sustituir el pabellón dominicano con la bandera de Colombia", en Proclama del General Pedro Santana, 28 de Julio de 1844;
Declarado en primer lugar, seguido por Mella y Sánchez, como "traidor e infiel a la Patria y como tal indigno de los empleos y cargos que ejercía", por sentencia de la Junta Central Gubernativa, del 22 de Julio de 1844;
Tachado de "joven inexperto, que lejos de haber servido a su país, jamás ha hecho otra cosa que comprometer su seguridad y libertades" por Tornás Bobadilla en su discurso inaugural del Soberano Congreso Constituyente de San Cristóbal;
Su familia es la única del grupo trinitario que es deportada por Santana, 3 Marzo 1845.
Algunas tradiciones señalan que en Julio de 1843, Sánchez pudo escapar de las persecuciones del Presidente Herard y así quedarse en el país, porque estando enfermo se simuló su fallecimiento y su sepelio en el cementerio de la Iglesia del Carmen de la ciudad de Santo Domingo. ¿Podría haberse podido aplicar el rnismo sistema para esconder a Juan Pablo Duarte? ¿No hubiera la autoridad haitiana realizado una investigación a fondo del caso, para cerciorarse de la verdad de esa muerte? Creemos que la importancia de Duarte lo ameritaba y que los invasores hubieran podido comprobar la falsedad del truco.

Duarte es líder y apóstol, pero jamás caudillo, Líder del Partido nacionalista, trinitario o duartista. Apóstol de la Independencia y de la libertad dominicana. Lo único que no quiso ser fue Caudillo, la postura más práctica en estos medios en desarrollo para adquirir el mando e intervenir con éxito en la política interna de un país. Por eso no triunfó materialmente ni fué gobernante ni jefe de facción. Su alta moralídad se lo prohibía. Su combatividad no estaba en la guerra fratricida ni en la lucha de partidos, ni en golpes militares, sino que se mostraba solamente, frente al extranjero invasor y a los anti-dominicanos. Después de todo, esa actitud era la que correspondía a un Padre, como lo era él, al no intervenir en las reyertas intestinas de sus hijos. Pero aunque no fué Caudillo tampoco quiso ser segundón de Santana o de Báez, como lo fueron muchos trinitarios y "comunicados". Prefirió el ostracismo antes que servirle a la línea entreguista y colonialista de estos dos mandones.

La crítica histórica no puede tomar como "vara de medir" la vida y el ejemplo de Duarte para señalar la estatura de los demás prohombres de nuestro acontecer. En Duarte hay un renunciamiento a lo material, una línea invariable al ideal nacionalista, una postura mística, que agregan a su figura patricia elementos conduncentes a consagrar una santidad. Es uno de los libertadores de América más inmaculados y menos ambiciosos. No será un notable intelectual, ni una espada famosa, ni un avezado político, dones que no estarán muy a su alcance. Pero en dimensiones morales, en tenacidad, en labor de propaganda y de conquista proselitista, tiene méritos sobresalientes que lo hacen en esos campos una estrella de primera magnitud.

Si tomáramos las medidas duartianas como ha hecho Jimenes Grullón para enfocar los procederes de Sánchez y de Mella, tenemos que convenir en que habrá fallos y caídas en relación a la línea vertical que se ha empleado como modelo. Aparecerán entonces las infidencias, las inconsecuencias, las "traiciones" en el lenguaje agudo y analítico de Jimenes Grullón. Pero si en cambio, estudiáramos a fondo el medio y las circunstancias que rodearon a estos hombres, tendremos que ser más benignos y hasta más justos, para decir la última palabra sobre ellos.

En un país donde siempre ha brillado la intolerancia de las ideas políticas opuestas, en una época donde había triunfado la idea protectoralista o anexionista, en unos gobiernos en manos de los grandes terratenientes como Santana y Báez, una clase superior a la de los pequeños burgueses como Duarte, Pina y Pérez, sólo se podía mantener una postura inflexible en el exilio, como lo hizo Duarte.

Sánchez y Mella a través de sus actuaciones demostraron no tener las dimensiones idealistas de su maestro como tampoco cualidades de líderes o dirigentes políticos. Ellos parece que preferían vivir en su patria, cumpliendo con sus deberes de padres de familia y al lado de los suyos, que permanecían en Santo Domingo no como los de Duarte, expulsados en Venezuela. En estas circunstancias tuvieron que plegarse a Santana y a Báez para así poder disfrutar de una relativa tranquilidad para sus vidas y seguridad para sus haciendas, como para las de sus parientes, por lo menos en forma temporal, ya que también hubo más de una ocasión en que tuvieron que tomar forzosamente el camino del destierro. Pero no obstante tales hechos, ambos murieron en "olor de santidad" ...

Ambos murieron ofrendando sus vidas a la causa nacionalista, reivindicando sus viejos nombres de patriotas. Sánchez en un cadalso, despiadadamente fusilado. Mella, víctima de cruel enfermedad corno consecuencia de su participación en la guerra restauradora. El balance de ambos es positivo, muy superior a muchos otros de sus contemporáneos. Por eso, si no pueden estar en las elevadas alturas de Padres de la Patria, hay que reconocer en ellos proceridad ...
Imagen